Para una inmensa mayoría, la respuesta está clara: alquiler y que sea económico. No por el gusto de alquilar una vivienda para pasar unos días por un coste que supera a la letra de la hipoteca o el alquiler mensual. Sencillamente porque para la inmensa mayoría de la sociedad española, comprar una vivienda de uso vacacional es una meta inalcanzable a día de hoy.
Sin embargo, para otros tantos ciudadanos sí existe esa disyuntiva sobre si es más conveniente comprarse una casa en la playa o en la montaña o irse a un hotel o a una casa vacacional. De forma generalizada, el verano se asocia a la playa. Estas zonas llevan consigo el idílico paisaje del mar, el sol, la brisa… aspectos que hacen que las zonas costeras sean el lugar en el que todo mortal quiera tener una vivienda. Tanto si se trata de una segunda residencia como si se elige como espacio de retiro en momentos puntuales del año o, simplemente, como inversión, tener en propiedad una vivienda junto al mar es una apuesta segura. Aunque siempre surge la duda de si es mejor comprar o alquilar esa vivienda.
Como toda decisión inmobiliaria, la respuesta no es universal. Todo depende de los objetivos de la persona, sus gustos, su estilo de vida, la situación económica y cómo se encuentre el mercado en ese momento, así como la previsión de futuro del mismo. No está de más pararse y analizar las ventajas e inconvenientes que presenta cada opción, para valorar con perspectiva y criterio la mejora alternativa en función de las necesidades y preferencias particulares de cada uno.
En este artículo nos vamos a centrar en las viviendas que se ubican en las zonas de playa, aunque es extrapolable a otras zonas como la montaña o incluso una ciudad, en cuyo caso hay que tener en consideración algunos aspectos diferentes.
Inversión a largo plazo y disfrute al gusto
Es lo que tiene la propiedad: se convierte de forma inmediata en una inversión que permite disfrutar de ella cuando sea necesario o apetezca. Nuestros amigos de Lyt Properties, agencia inmobiliaria especializada en inmuebles playeros, nos recuerdan que adquirir una propiedad en esas zonas cercanas al mar cuenta con un valor emocional y económico sustancial. Sobre todo, porque se encuentran ubicadas en unas zonas muy codiciadas. Convertirse en propietario de una vivienda en la playa es una decisión importante que puede conllevar estabilidad, revalorización patrimonial y la posibilidad de obtener ingresos extra mediante el alquiler.
Las ventajas de comprar un inmueble son varias. El hecho de tener un patrimonio propio y su revalorización ya es un plus a tener en cuenta. Las zonas costeras con mayor demanda, especialmente en la parte del Mediterráneo y algunas zonas del Atlántico, se revalorizan con el tiempo, por lo que comprar un inmueble en estas zonas puede convertirse en una excelente inversión a largo plazo. Sobre todo, si la ubicación se escoge como es debido.
Ser propietario de una vivienda brinda libertad total para reformar y personalizar cada espacio de la casa. Al convertirte en el dueño, puedes adaptar la vivienda a los gustos y necesidades particulares, reformarla y amueblarla, creando un hogar hecho a medida. Además de poder disfrutar de ella cuando te apetezca sin tener que estar a expensas de un alquiler disponible.
La rentabilidad como alquiler vacacional es otra de las ventajas que supone una vivienda en propiedad en la playa. Es muy común ver a los propietarios de estos inmuebles alquilando sus viviendas durante la época estival. Esto proporciona unos ingresos con los que se pueden cubrir los gastos anuales de mantenimiento, además de obtener algunos beneficios.
Por otro lado, proporciona seguridad en el futuro. Si se planea una jubilación junto al mar o se quiere contar con un lugar estable para pasar las vacaciones, comprar una vivienda proporciona una sensación de seguridad y permanencia que, bajo ningún concepto, proporciona el alquiler.
Una vez analizado lo positivo de comprar una vivienda en la playa para disfrutarla en vacaciones, hay que pasar al lado negativo. Los inconvenientes de este tipo de compra pasan por una alta inversión inicial y una menor flexibilidad. Comprar implica enfrentarse a una inversión importante: la entrada de la propiedad, los gastos de la hipoteca, los impuestos y un largo etcétera, además de que hay que contar con otros gastos a largo plazo como los del mantenimiento, la comunidad o el IBI.
Al ser propietario, inevitablemente, te limitas a esa ubicación, eliminando la flexibilidad para cambiar. Si cambian las circunstancias o no te adaptas a la zona, no es fácil cambiar, como puede hacerse cuando se alquila.
Otro de sus puntos negativos es la responsabilidad y la gestión que conlleva tener una propiedad para este fin: mantenimiento, posibles reformas o averías, trámites legales, etc. Si además optas por alquilar el inmueble, hay que realizar otro tipo de gestiones con los inquilinos o contratar a quien lo haga.
Libertad sin compromiso
Así se puede resumir el alquiler vacacional en la playa: mayor libertad y menor compromiso. Para muchos, es la opción de preferencia, alquilar una casa en la playa por unos días, lo que permite disfrutar del mar sin necesidad de atarse a una propiedad y pasar todas sus vacaciones en el mismo lugar.
Alquilar tiene ventajas como la flexibilidad de la que carece la compra. En este caso es total y permite cambiar de ubicación cada año y probar diferentes localidades y viviendas, y elegir en función de la disponibilidad y las preferencias del momento. Esto supone una menor inversión inicial; de hecho, no es necesario disponer de una gran cantidad de dinero para poder disfrutar de unos días en la playa. Lo más habitual es tener que pagar la fianza y el tiempo de alquiler, mucho más accesibles que la compra de un inmueble.
No existen gastos de mantenimiento asociados ni hay que pagar impuestos. Al ser un inquilino, no hay que asumir el pago del IBI ni hacer reformas. Estos gastos corren por cuenta del propietario, lo que simplifica sustancialmente la experiencia vacacional: tan solo disfrutar.
Es la opción ideal cuando se trata de estancias temporales. Cuando se va a la costa unos pocos días o semanas a lo largo de todo el año, alquilar es más rentable que mantener una propiedad de la que apenas disfrutas.
Vistas las ventajas de un alquiler vacacional, hay que tomar nota de los inconvenientes. La dependencia del mercado puede marcar el lugar de destino. En las temporadas altas, los precios del alquiler vacacional se disparan y existe una menor disponibilidad. Es posible no encontrar lo que se busca o que su coste sea elevado. El dinero que se invierte en un alquiler no genera ningún beneficio. No existe retorno de la inversión como sucede cuando se trata de una propiedad que tú mismo puedes alquilar a terceros. Así que a la larga se convierte en un gasto elevado que no se convierte en patrimonio.
Cuando alquilas una vivienda para pasar unos días de vacaciones, la limitación del uso y la personalización cobran forma: no se pueden hacer reformas ni adaptar las viviendas al gusto, además de que hay que respetar y cumplir las normas que disponga el dueño.
Por último, comentar la inseguridad relativa a la disponibilidad. Un contrato de alquiler no es garantía de que, en caso de que te haya gustado la experiencia, puedas volver a vivirla en posteriores ocasiones. El propietario puede optar por no renovar el contrato, cambiar las condiciones o que los costes no se ajusten al presupuesto o a las preferencias del momento.
Todo esto no es más que una serie de aspectos a considerar, tanto en lo positivo como en lo negativo de cada una de las opciones. La decisión adecuada tiene que tomarla cada uno, considerando estos aspectos y los que se le ocurran. La clave reside en analizar el perfil particular y lo que se busca. Si se quiere disponer de una segunda residencia estable para ti y tu familia, con la posibilidad añadida de poder alquilarla y obtener rentabilidad, comprar es la mejor opción.
Sí, por el contrario, estás en un momento vital en el que valoras la libertad de movimiento, te gusta viajar a diferentes lugares o no tienes la intención de asumir los costes que supone la inversión inicial de la compra, alquilar es la opción más sensata.
Existen, no obstante, otros puntos intermedios como el alquiler con opción a compra o invertir en la compra de un inmueble con familiares o amigos, todo en función de las circunstancias particulares y realizando una planificación correcta.
Para quienes optan por la compra, deben tener en cuenta aspectos añadidos como la ubicación, la infraestructura, la regulación urbanística, los riesgos climáticos y la temporada baja.
Comprar o alquilar una vivienda vacacional no es una cuestión simplemente económica. Se trata de un estilo de vida y el perfil de cada persona define el tipo de opción más adecuado. Si se quiere comprar, lo mejor es dejarse asesorar por expertos en este tema. Para quienes prefieren alquilar, tan solo hay que buscar la mejor opción en cada momento y dejarse llevar por el ruido del mar.