¿Qué ropa interior llevar cuando viene la regla?

Ropa interior

Un problema que tenemos las chicas todos los meses es qué braguitas ponernos cuando nos viene la regla. Con el periodo mucha de nuestra ropa interior se nos echa a perder. . Por suerte, hay gente en la industria textil que se preocupa de este asunto. Ahora tenemos opciones interesantes. Te hablamos de ellas.

Hasta hace poco, todas nosotras guardábamos las bragas más viejas y las más feas para ponérnoslas los días que tenemos el periodo. Esas bragas de cuello alto, como yo le digo, que en ninguna otra circunstancia nos pondríamos. Es como darles la última oportunidad. Liquidarlas antes de tirarlas a la basura.

La verdad es que son días complicados. Te sientes sucia, hinchada, con los senos especialmente sensibles, y algunas tienen dolores abdominales.

Pero la regla no nos puede detener. No debe impedir que llevemos una vida normal. Si te duele, te tomas un ibuprofeno. Si huele, te das una ducha antes de salir de casa.

Tenemos el trabajo, los estudios, algunas de nosotras somos madres. Los niños hay que atenderlos con regla y sin regla. La vida sigue. Y si queremos salir con las amigas o nos apetece ir al gimnasio, la regla no nos debe detener.

Algunas veces nos sentimos observadas. Pero todo eso no son más que paranoias que pasan por nuestra cabeza. ¿Quién va a saber que tenemos la regla? Llegamos a pensar que hasta se nos agria el carácter.

Con las compresas y los tampones actuales está todo controlado. A pesar de ello, es inevitable que nos preocupemos por qué ropa interior llevar cuando nos viene la regla.

Un periodo estigmatizado.

La regla tiene mala prensa en la literatura. En “Carrie”, la primera novela publicada de Stephen King, lanzada en abril de 1974, la madre de la protagonista le dice a su hija: “Has sido maldecida por el pecado de la sangre.” Haciendo referencia a la menstruación.

Carrie es una adolescente un tanto especial, que tiene que soportar el desprecio de una madre integrista cristiana y la burla y el acoso de sus compañeros de instituto. Siente que su cuerpo está cambiando, que está pasando por cambios y no sabe cómo encarar la situación. Las condiciones estaban dadas para que en cualquier momento estallara de furia. Cosa que al final pasó en la novela. Una novela llevada al cine magistralmente por Brian De Palma, dos años más tarde, en 1976.

La ópera prima del maestro de la literatura de terror y suspense, Stephen King, en realidad fue un alegato contra la represión juvenil y el bullying, antes de que tuviera este nombre.

Otra novela en la que aparece la regla, pero esta vez de una manera perpendicular es en “100 años de soledad” de Gabriel García Márquez. El coronel Aureliano Buendía, antes de que se convirtiera en el icono de los liberales en el que se convirtió, se enamoró de la hija pequeña del gobernador de Macondo, Apolinar Mascote, el enemigo declarado de su padre. Fue un amor a primera vista.

Como era costumbre en aquella época, los padres de Aureliano, José Arcadio y su mujer Úrsula, fueron a pedir la bendición del gobernador y su familia. No como gobernador, sino como padre de la pretendida. José Arcadio Buendía tuvo que tragarse su orgullo en pro de la felicidad de su hijo. Cuál fue la sorpresa que la pretendida aún no era una mujer. Era una niña.

Para mantener las formas, el noviazgo no se formalizó hasta que Remedios, la pequeña de los Mascote, no estuviera en edad de concebir. Cada tarde, el joven Aureliano Buendía iba a visitar a su enamorada mientras ella continuaba jugando con muñecas.

Una mañana, Remedios se levantó con el camisón lleno de sangre, entre las piernas. Horrorizada gritó, pensando que se iba a morir. Hasta allí acudió su madre y sus hermanas y estallaron de júbilo. Se había convertido en una mujer.

La compresa o el tampón.   

Cuando tenemos la regla utilizamos la compresa o el tampón. Su uso es indiferente y depende de los gustos de cada una de nosotras.

La compresa es un absorbente exterior. Se puede utilizar desde la primera regla. Se coloca en la parte interior de las braguitas, donde se fija gracias a una banda adhesiva. Algunos modelos de compresa llevan alas, un añadido de celulosa que rodea la tira de la braga, reforzando que la compresa no se mueva. Lo recomendable es cambiar las compresas aproximadamente cada 4 horas. Existen diferentes tipos de compresas. Compresas para un flujo más abundante y otras para flujos normales. Las compresas nocturnas tienen más capacidad de absorción, ya que suelen aguantar puestas toda la noche. La compresa se desecha en una bolsita y se tira a la basura. Nunca se debe tirar al váter, ya que con toda la cantidad de celulosa que tiene, puede atascarlo.

El tampón, en cambio, es un absorbente interior. Tiene forma de tubo y está formado por materiales de fibras blandas comprimidas. El núcleo esté recubierto por una malla que le da consistencia. Dispone de un cordón fino, firmemente cosido desde arriba hasta abajo, que permite retirarlo.

El tampón se introduce dentro de la vagina por medio de un aplicador plástico. El cual, ayuda a colocarlo sin que se toque con las manos, es, por tanto, más higiénico que la compresa, y a que se quede bien colocado en su sitio.

Debes cambiar el tampón, igual que la compresa, cada 4 horas. Lo bueno del tampón es que te puedes duchar con él y hacer ejercicio. No interfiere en tu vida diaria. También neutraliza el mal olor. Ya que absorbe el flujo menstrual antes de que salga fuera del cuerpo.

Se puede colocar desde la primera regla. Existen diferentes tipos de tampón en función del nivel de absorción.

La copa menstrual.  

Una alternativa que ha aparecido frente a las compresas y los tampones es la copa menstrual, también conocida como copa vaginal. Cosiste en un recipiente de silicona de grado médico, u otro material hipoalergénico, con forma de copa, como su propio nombre indica, y que produce un sello al vacío dentro de la vagina, que impide que salga al exterior ninguna gota de flujo menstrual, cosa que sí puede suceder con los tampones.

A diferencia de los tampones y las compresas, no es un producto absorbente. Lo que hace es retener la sangre y el flujo en el interior de la copa hasta que la extraemos y los desechamos. Es una alternativa económica, ya que la copa menstrual permite su reutilización. Eso sí, antes de volver a colocarla hay que limpiarla bien y lavarnos las manos.

Hay mucha controversia respecto a este método. El blog de la web de las Clínicas Quirón asegura que este es un producto seguro, aunque pueden presentarse ciertos problemas como dolor vaginal, irritación del conducto de la vagina o lesiones leves en algunas mujeres. Esto es debido a una mala manipulación del producto o a que la mujer sea alérgica al material de la copa.

Uno de los problemas que presenta la copa menstrual es que puede ser incómoda al insertarla y al retirarla. Sobre todo, al colocarla, es recomendable utilizar un lubricante.

Otras alternativas diferentes.

Como señala la web naturalista Rezero, algunos colectivos ecologistas y feministas proponen el uso de compresas textiles. Son compresas fabricadas con materiales como el algodón, que se pueden lavar y reutilizar. Estos colectivos defienden que estas compresas son más respetuosas con el medioambiente, ya que evita el uso de aditivos plásticos, perfumes y sustancias químicas, que están presentes en muchas compresas de celulosa. Según ellos, reduce el riesgo de padecer alergias e infecciones y mejora la salud vaginal.

Las compresas textiles era una solución que utilizaban nuestras bisabuelas. Igual que a los bebés se les colocaban pañales de tela lavables. En la actualidad se siguen utilizando en países del tercer mundo, como un efecto de los que se ha dado en llamar pobreza menstrual. La dicotomía que atraviesan algunas mujeres de tener que elegir entre comprar comida o gastar el dinero en compresas.

Esta opción ha permitido poner en marcha proyectos de desarrollo económico para colectivos desfavorecidos como «Tatu Project», con el que se han creado fábricas textiles en Tanzania donde mujeres en peligro de exclusión social, fabrican compresas de tela con unas alas que se ajustan a las bragas con un cierre automático. Compresas que se venden tanto en el país africano, como en Europa, comercializadas por una ONG danesa llamada SNV.

Desde mi punto de vista, esta alternativa representa un atraso histórico y social. Ninguna mujer en el mundo tendría que elegir entre comprar compresas, para ellas y/o sus hijas, o comer. Primero habría que luchar contra los factores que condenan, todavía hoy, a una parte de la humanidad a la miseria. Pero, desde luego, mientras esto se resuelve, cosa que no tiene vistas de hacerse, la salud vaginal de las mujeres debería estar protegida por las autoridades, tanto de estos países como por los organismos internacionales.

Una mujer en el tercer mundo tendría que utilizar compresas desechables o tampones como lo hacen las mujeres de los países más desarrollados. Es un avance social del que debe beneficiarse toda la humanidad.

Respecto al impacto medioambiental de los métodos de contención menstrual, habría que regular el uso de plásticos y productos químicos, igual que se está haciendo con otras ramas de la industria. Y si se considera oportuno, retirarlos.

No me parece de cuidado el argumento que utilizan algunos colectivos para promover el uso de compresas textiles diciendo que nosotras utilizamos compresas de usar y tirar, mientras mujeres en otras partes del mundo no tienen para comer. Porque nosotras no somos las responsables de las desigualdades en el planeta. Lo son, en todo caso, los presidentes de algunas potencias que mantienen a estos países en condiciones neocoloniales o los consejos de administración de algunas multinacionales que saquean las materias primas de la mitad más pobre del mundo.

En lo que se refiere a crear proyectos de desarrollo para mujeres en países pobres, se pueden poner en marcha fábricas para producir ropa de calidad en condiciones de comercio justo, como se está haciendo en algunas comunidades indígenas de América Latina. Donde al tiempo que se promueve una industria textil que se enfrenta a la tendencia “Fast Fashion” que impulsan las grandes marcas de la moda, rescatan las ricas tradiciones textiles de sus comunidades.

Las braguitas desechables orgánicas.

Regresemos al tema que ha inspirado este artículo: ¿Qué ropa interior me pongo cuando tengo la regla?

En este sentido, webs como Libertad Menstrual están distribuyendo braguitas desechables fabricadas con materiales orgánicos como el bambú, que es compostable y no daña el medioambiente. Mirando el catálogo de su tienda online observo braguitas cómodas y sexis que puedes llevar durante el periodo. Me encantan unas negras desmontables, que se abren en el lateral con corchetes y que estoy dispuesta a probarlas.

Las bragas desechables son una alternativa recomendada por las autoridades sanitarias. Se pueden utilizar solas o como complemento de compresas, tampones o de copas menstruales. Cuentan con varias capas superfinas, de alta absorción, que permiten su uso incluso en los días de mayor flujo menstrual. Todo ello, unido a cierres elásticos que evitan que se produzcan fugas. Permitiéndonos estar secas y  seguras durante todo el día.

Las bragas fabricadas con materiales como el bambú son totalmente reciclables. Se trata de un material que se degrada en la naturaleza y que se puede descomponer para formar abono natural y compost. Una vez usadas, las podemos tirar, sin problemas, en el contenedor de residuos orgánicos. Contribuyendo a poner en marcha una economía circular beneficiosa con el medioambiente.

Unas braguitas para los días de regla deben ser flexibles y elásticas, que nos permitan movernos con seguridad. Que podamos llevar nuestro estilo de vida habitual, incluso hacer deporte, sin miedo a sufrir pérdidas o a ruborizarnos por el mal olor.

Nada que ver con esas bragas viejas, dadas de sí, que no son del todo seguras y que no las tiramos porque no tenemos otra opción.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest