Estos son los materiales sostenibles que se utilizan actualmente para los embalajes

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El crecimiento del comercio electrónico y de los servicios de mensajería ha multiplicado la cantidad de cajas, sobres y materiales de protección que circulan cada día. Millones de productos recorren almacenes, centros logísticos, vehículos de reparto y puntos de recogida antes de llegar a su destinatario y este movimiento exige embalajes capaces de soportar golpes, presión, humedad y cambios de temperatura, pero también ha incrementado la preocupación por los residuos que quedan después de cada entrega. Como respuesta, las empresas de paquetería están incorporando materiales con menor impacto ambiental, más fáciles de recuperar y mejor adaptados a los sistemas de reutilización y reciclaje.

El cartón ondulado continúa siendo el material más utilizado para fabricar cajas de envío. Su estructura combina varias capas de papel, una o más de ellas con forma ondulada, lo que permite conseguir rigidez y resistencia sin emplear una cantidad excesiva de materia prima. Las cajas pueden soportar apilamientos, movimientos dentro de cintas transportadoras y manipulaciones sucesivas durante la distribución. Además, gran parte del cartón empleado en paquetería contiene fibras recicladas procedentes de embalajes recuperados.

Una de las principales ventajas del cartón es la facilidad con la que puede adaptarse al tamaño del producto. Así, las empresas están sustituyendo progresivamente las cajas excesivamente grandes por formatos ajustables o fabricados bajo demanda y esta reducción del espacio vacío permite utilizar menos material de relleno y aprovechar mejor la capacidad de los camiones. Transportar menos aire disminuye el número de viajes necesarios para mover una determinada cantidad de pedidos y mejora la eficiencia general de la distribución.

Las cajas de cartón reciclado presentan tonalidades y acabados menos uniformes que las fabricadas con fibras completamente nuevas, pero estas diferencias han dejado de considerarse un inconveniente en muchos envíos. Numerosas marcas utilizan su apariencia natural para comunicar una imagen de responsabilidad ambiental. La impresión exterior también puede realizarse con tintas al agua o con una cantidad limitada de pigmentos, evitando recubrimientos que dificulten la recuperación posterior de las fibras.

El papel kraft ocupa igualmente un lugar importante en la paquetería. Se emplea para fabricar sobres, bolsas resistentes, envoltorios interiores y bandas destinadas a sujetar productos. Su flexibilidad permite proteger prendas, libros, complementos y objetos que no necesitan una caja rígida. Los sobres de papel con refuerzos internos pueden sustituir a determinadas bolsas de plástico utilizadas tradicionalmente en pequeños envíos.

Los sobres acolchados han experimentado una transformación significativa. Durante años incorporaron una capa interior de plástico con burbujas que debía separarse del exterior de papel antes de depositar cada componente en su contenedor. Actualmente se comercializan versiones elaboradas exclusivamente con papel, incluidas aquellas que crean una cámara protectora mediante relieves, acolchados de celulosa o varias capas superpuestas. Al estar formadas por una sola familia de materiales, resultan más sencillas de clasificar y reciclar.

El papel troquelado es otra alternativa utilizada para envolver objetos delicados. Mediante cortes realizados en su superficie, la hoja puede expandirse y formar una malla que se adapta al contorno del producto. Esta estructura amortigua pequeños impactos y evita roces durante el transporte. Se emplea en cosmética, cerámica, botellas, artículos decorativos y piezas artesanales, con frecuencia combinado con una lámina fina de papel de seda.

Para rellenar los huecos de las cajas se utiliza cada vez más papel arrugado. Las máquinas instaladas en los almacenes transforman bobinas compactas en tiras o almohadillas con volumen, de modo que el material se produce justo en el momento de preparar el pedido. Esto reduce el espacio necesario para almacenar protecciones y permite ajustar la cantidad a cada paquete. El papel recuperado puede cumplir esta función sin necesidad de presentar un acabado perfecto, ya que su misión consiste en impedir que el contenido se desplace.

El cartón triturado también puede convertirse en relleno. Algunas empresas reutilizan cajas deterioradas que ya no ofrecen resistencia suficiente para realizar otro envío. Mediante máquinas especiales, las transforman en tiras o redes flexibles que sirven para envolver y separar productos. Esta práctica prolonga la utilidad del material dentro del propio almacén antes de que entre en el circuito de reciclaje.

La pasta de celulosa moldeada se emplea para fabricar soportes interiores diseñados según la forma de cada artículo. Es habitual en el envío de dispositivos electrónicos, pequeños electrodomésticos, botellas, perfumes y objetos frágiles. Estas piezas inmovilizan el contenido y absorben parte de los impactos que se producen durante el recorrido. Pueden elaborarse con papel recuperado y, una vez utilizadas, depositarse junto con el cartón cuando no llevan tratamientos incompatibles.

Las cantoneras de cartón prensado aportan resistencia a paquetes pesados o de gran tamaño. Se colocan en esquinas y bordes para evitar deformaciones y repartir la presión de las cintas de sujeción. También se utilizan para proteger muebles desmontados, cuadros, puertas, planchas y mercancías paletizadas. Su fabricación aprovecha capas de papel comprimidas y pegadas, lo que permite sustituir piezas de plástico o espuma en numerosas aplicaciones.

La madera mantiene su importancia en los envíos industriales y en la paquetería de grandes dimensiones. Los palés, cajas y bastidores permiten mover maquinaria, mobiliario y objetos de peso elevado. Cuando se diseñan para regresar al remitente, pueden utilizarse durante numerosos ciclos. Los palés dañados también pueden repararse sustituyendo únicamente las tablas deterioradas, en lugar de desechar la estructura completa.

En los envíos de menor tamaño se están extendiendo los embalajes reutilizables. Algunas empresas ofrecen cajas plegables, bolsas resistentes o sobres con sistemas de cierre que permiten devolverlos después de recibir el pedido. El destinatario los pliega y los deposita en un punto de recogida o los entrega al mismo operador logístico. Una vez revisados y limpiados, vuelven al circuito para transportar nuevos productos.

La utilidad ambiental de estas soluciones depende del número de veces que consiguen circular. Un embalaje reutilizable necesita más material y una fabricación más compleja que una bolsa ligera de un solo uso, por lo que debe completar suficientes recorridos para compensar ese esfuerzo inicial. También es necesario evitar pérdidas, organizar la logística de retorno y reducir las distancias que viaja vacío. Los sistemas de depósito o recompensa pueden aumentar el porcentaje de envases devueltos.

Los plásticos reciclados siguen presentes en la paquetería, especialmente cuando se necesita protección frente al agua, poco peso o una elevada resistencia al desgarro. Muchas bolsas de mensajería se fabrican con polietileno recuperado procedente de residuos industriales o domésticos. Estas bolsas consumen menos espacio que las cajas y resultan adecuadas para prendas, textiles y productos flexibles. Su eficacia ambiental mejora cuando están compuestas por un único polímero y no incorporan capas difíciles de separar.

Los sobres de plástico reutilizable ofrecen una solución para envíos y devoluciones. Pueden incluir dos tiras adhesivas, una para cerrar el pedido inicial y otra para que el cliente lo envíe de vuelta. Esta característica evita utilizar un segundo embalaje si el producto debe cambiarse. En sectores con elevados porcentajes de devolución, como la moda, el diseño de estos cierres puede reducir de forma considerable el consumo de bolsas adicionales.

El plástico de burbujas fabricado con material reciclado continúa utilizándose para proteger artículos especialmente sensibles. Aunque algunas empresas buscan sustituirlo por papel, sigue ofreciendo una gran capacidad de amortiguación con poco peso. Su problema aparece cuando se desecha mezclado con otros residuos o cuando las instalaciones locales no aceptan películas flexibles. Para mejorar su aprovechamiento, ciertos comercios lo recogen de nuevo y lo reutilizan en próximos pedidos.

Las almohadillas de aire representan otra opción habitual. Se fabrican inflando pequeñas cámaras de película plástica dentro del propio centro logístico. Antes de inflarse, las bobinas ocupan muy poco espacio, lo que reduce el transporte asociado al material protector. Además, la mayor parte de su volumen está formada por aire. Sin embargo, su recuperación depende de que el usuario las vacíe y las entregue en un punto preparado para recoger plástico flexible.

Las espumas convencionales de protección están siendo sustituidas en algunos envíos por materiales de origen vegetal. Entre ellos aparecen piezas fabricadas con almidón de maíz o patata que se utilizan como relleno suelto. Su forma permite ocupar huecos y evitar movimientos. Algunas variedades se disuelven en agua o pueden degradarse en condiciones controladas, aunque es necesario comprobar las instrucciones del fabricante antes de decidir cómo desecharlas.

El micelio de los hongos se está probando para crear protecciones rígidas adaptadas al contorno de determinados productos. Para fabricarlas, el micelio crece alrededor de residuos agrícolas dentro de un molde. Cuando alcanza la forma deseada, la pieza se seca y queda lista para su uso. Esta alternativa puede reemplazar al poliestireno expandido en envíos de botellas, componentes electrónicos, artículos decorativos y pequeños aparatos, aunque su disponibilidad sigue siendo menor que la de los materiales tradicionales.

El corcho triturado y aglomerado también se utiliza en embalajes destinados a objetos delicados o de alto valor, tal y como nos relatan los técnicos de Bvpack, quienes nos dicen que su elasticidad le permite absorber vibraciones y proteger superficies. Puede encontrarse en estuches de vino, cosméticos, joyería, piezas de diseño y productos artesanales. Los restos de la fabricación de tapones ofrecen materia prima para crear soportes, separadores y pequeños bloques amortiguadores.

Los adhesivos y cierres son otro elemento que condiciona la sostenibilidad del paquete. Las cintas de papel reforzado pueden sustituir a las de plástico en cajas de peso moderado. Algunas incorporan adhesivos activados con agua que se unen firmemente al cartón y facilitan el reciclaje conjunto. También se utilizan tiras de rasgado y cierres encajables que permiten reducir la cantidad de cinta necesaria durante la preparación del pedido.

Las etiquetas de envío están evolucionando hacia formatos más pequeños y materiales compatibles con las cajas. El uso de documentos digitales ha permitido eliminar muchos albaranes, facturas y fundas plásticas colocadas en el exterior. En su lugar, el destinatario puede consultar la información mediante un código impreso. Esta reducción parece pequeña en un solo paquete, pero adquiere importancia cuando se aplica a millones de expediciones.

La elección del embalaje sostenible debe tener en cuenta el recorrido real del paquete. Un producto enviado desde un almacén próximo y recogido en un punto automático afronta condiciones diferentes a otro que viaja por varios países, cambia repetidamente de vehículo o queda expuesto a la lluvia durante la última entrega. Reducir demasiado la protección puede provocar roturas y obligar a sustituir tanto el artículo como el embalaje, duplicando parte del impacto asociado al pedido.

Por esta razón, las empresas están utilizando programas que calculan el tamaño mínimo de la caja y recomiendan la cantidad de relleno necesaria. También se aplican pruebas de caída, vibración y compresión para comprobar si los materiales soportan las condiciones del transporte. El objetivo no consiste en emplear la menor cantidad posible a cualquier precio, sino en encontrar el equilibrio entre protección, peso y facilidad de recuperación.

¿Qué maquinaria se usa para embalar?

La preparación de pedidos puede realizarse manualmente, pero las empresas que gestionan un volumen elevado de expediciones recurren a maquinaria especializada para aumentar la velocidad, mantener resultados uniformes y reducir errores. Cada equipo interviene en una fase concreta, desde la formación del recipiente hasta su cierre definitivo antes de entrar en la red de distribución.

Las formadoras de cajas convierten planchas plegadas en recipientes listos para recibir la mercancía. El sistema abre el cartón, dobla las solapas inferiores y fija la base mediante cinta adhesiva o cola. Así se evita que los operarios tengan que montar cada unidad a mano. En instalaciones avanzadas, estas máquinas trabajan con varios formatos y cambian automáticamente sus ajustes según las dimensiones requeridas por cada pedido.

Una vez introducidos los artículos, las precintadoras cierran las solapas superiores y aplican la cinta con una tensión constante. Existen modelos semiautomáticos, en los que una persona coloca el bulto, y líneas completamente automáticas conectadas a transportadores. Para producciones que emplean adhesivo termofusible se utilizan encoladoras, capaces de aplicar puntos o cordones de cola y sellar el recipiente con rapidez.

Las enfardadoras se destinan principalmente a mercancías agrupadas sobre palés. Una película estirable rodea la carga para mantenerla estable durante su manipulación. Los modelos de plato giratorio hacen rotar el conjunto, mientras que los equipos de brazo móvil desplazan el mecanismo alrededor de productos pesados o inestables. El control de la tensión impide gastar más película de la necesaria y evita que una presión excesiva deforme las cajas.

Cuando se necesita envolver objetos individuales, pueden utilizarse retractiladoras. Estas cubren el artículo con una película que se ajusta al pasar por un túnel de calor. Son habituales en agrupaciones promocionales, publicaciones, componentes y mercancías que requieren permanecer unidas. Las flejadoras cumplen una función diferente: colocan cintas resistentes alrededor de cajas, paquetes alargados o cargas pesadas para reforzar su sujeción.

Las máquinas de acolchado producen protección interior a partir de bobinas compactas. Algunas pliegan y arrugan papel; otras crean almohadillas infladas o transforman láminas en estructuras amortiguadoras. El operario obtiene únicamente la cantidad necesaria en cada momento, sin depender de piezas preparadas previamente.

En líneas de gran capacidad también aparecen clasificadores, básculas dinámicas y sistemas de medición volumétrica. Estos equipos calculan dimensiones y peso mientras el paquete avanza, detectan discrepancias y lo dirigen hacia la ruta correspondiente. Finalmente, las etiquetadoras imprimen y colocan automáticamente códigos, direcciones y referencias de seguimiento. La lectura mediante escáneres comprueba que la identificación coincide con el pedido, cerrando un proceso en el que la automatización aporta continuidad, precisión y control.

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